Tras una larga tensión bilateral, Panamá y Venezuela entraron este jueves en una nueva crisis con el retiro del embajador panameño en Caracas y la decisión del Gobierno venezolano de suspender las relaciones económicas con altos funcionarios y empresas del país centroamericano.

Panamá dijo que decidió retirar a su embajador en Venezuela, Miguel Mejía; además, pidió a Caracas hacer lo mismo con el suyo en el país, Jorge Durán, horas después de que el Gobierno de Nicolás Maduro suspendió por 90 días prorrogables las relaciones comerciales con altos funcionarios y empresas panameñas.

 

Venezuela creó una lista con altos funcionarios panameños, incluidos el presidente, Juan Carlos Varela, y la vicepresidenta y canciller, Isabel De Saint Malo, además de empresas como Compañía Panameña de Aviación (Copa Airlines), y ordenó “la inmediata suspensión de toda relación económica, comercial y financiera”.

El Gobierno de Maduro presume que se han cometido “delitos de delincuencia organizada, al amparo de lo que pareciera ser la conveniencia del gobierno panameño y la opacidad de su sistema financiero, y con la colaboración de sujetos nacionales panameños dentro y fuera del país”.

Pero el Gobierno de Varela interpretó que se trata de “una reacción política que carece de sustento”, adoptada por Caracas “en represalia a las acciones anunciadas por Panamá”.

 

La semana pasada Panamá publicó una lista de 55 ciudadanos venezolanos políticamente expuestos, entre ellos Maduro, y 16 empresas, porque suponen un “alto riesgo en materia de blanqueo de capitales, financiamiento del terrorismo y financiamiento de la proliferación de armas de destrucción masiva”.

Así, las autoridades panameñas recomendaron a los distintos operadores del sistema financiero adoptar “las políticas y procedimientos de debida diligencia ampliada, reforzada” cuando sospecharan que una transacción estaba relacionada con las personas y empresas de la lista.

La Cancillería panameña sostuvo este jueves que publicó el listado para sumarse “a los esfuerzos de otros países, incluyendo a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y la Unión Europea, de proteger los sistemas financieros internacionales, defender la democracia y los derechos humanos”.

 

Han sido precisamente las críticas de Panamá al Gobierno venezolano lo que desde hace meses viene agriando una relación que se había mantenido al menos cordial entre los dos países.

Panamá integra el llamado Grupo de Lima, conformado por una docena de países que no reconocen la Asamblea Nacional Constituyente venezolana ni las elecciones presidenciales anticipadas.

De Saint Malo dijo el pasado 19 de marzo que su Gobierno no reconocerá los resultados de las presidenciales del 20 de mayo próximo mientras se mantengan la forma “ilegítima” como han sido convocadas.

Y en octubre pasado el Gobierno panameño incluyó a Venezuela en la lista de países cuyos ciudadanos requieren de una visa estampada para ingresar a Panamá, ante la llegada de una gran cantidad de venezolanos que huyen de la crisis en su país.

“Le propuse al presidente Nicolás Maduro invitar a la Santa Sede a formar parte del diálogo con la oposición (venezolana), propuesta que aceptó en un principio y luego ignoró”, reprochó Varela en agosto, cuando anunció la visa estampada para los venezolanos.

Venezuela repudió esa medida y terminó aplicando la reciprocidad.

Los dos países ya habían atravesado una crisis en marzo de 2014, cuando Maduro rompió unilateralmente las relaciones diplomáticas y congeló las comerciales con Panamá, gobernada entonces por Ricardo Martinelli (2009-2014).

Maduro entendió como una injerencia la propuesta panameña de que la crisis interna venezolana, que en aquellos días incluía manifestaciones callejeras con decenas de muertos, fuera analizada en la Organización de Estados Americanos (OEA).

El restablecimiento de las relaciones fue anunciado por el entonces vicepresidente venezolano Jorge Arreaza el 1 de julio de 2014, el día que Varela asumió el Gobierno para un período de 5 años.

“Yo creo que las cosas no se van a acomodar” entre los dos países, dijo este jueves a Efe el exembajador panameño en la OEA Guillermo Cochez, un duro crítico del Gobierno venezolano, respecto a la nueva crisis bilateral.

El ex diplomático argumentó que ahora el presidente Varela ha adoptado una posición “muy dura con Maduro”, porque ha entendido que “Venezuela no es una democracia”.

Cochez aclaró que “no se han roto las relaciones” bilaterales, y que con la salida de los embajadores las legaciones diplomáticas quedarán en manos de encargados. EFE

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