Subido a la lomita más sagrada del béisbol venezolano, como en béisbol se denomina al lugar de lanzamiento del pitcher. Desde allí el antiguo picapleitos Raúl Gorrín lanzó hace solo dos semanas la primera bola del clásico Caracas-Magallanes, honor reservado para los grandes próceres de la sociedad criolla, publica El Mundo.

Por Daniel Lozano

La caída en desgracia de este empresario chavista, propietario del canal de noticias Globovisión y presidente de Seguros La Vitalicia, viaja más rápida que esa pelota. La justicia estadounidense ha declarado a Gorrín prófugo de la justicia, mientras sus “socios” Alejandro Andrade (ex tesorero de Hugo Chávez) y el banquero Gabriel Jiménez permanecen bajo custodia de la autoridades de EEUU.

 

 

Los procesos judiciales contra los tres cómplices de la revolución airean una vez más los turbios negocios que han hecho famosos en medio mundo a los empresarios ‘boliburgueses’. Mientras en España prosiguen las investigaciones en torno a las fortunas depositadas en el Banco de Andorra y múltiples negocios inmobiliarios, las autoridades de EEUU han denunciado a Gorrín ante una corte judicial de Miami por lavado de dinero y “delitos contra una nación extranjera”.

Su amigo Andrade, millonario amante de los caballos y la buena vida, se ha declarado culpable del mismo delito en una corte federal. Tan próximo era al “comandante supremo” este militar que la leyenda urbana en Caracas describe cómo perdió uno de sus ojos jugando a las chapitas (béisbol con palos y chapas) con el líder de la revolución.

Como si se tratara de una telenovela, la versión siglo XXI de los narcotraficantes colombianos, donde se mezclan sobornos en ‘cash’, yates, viajes, relojes de lujo y los famosos caballos para jugar polo en Miami. Andrade y Gorrín militan con honores en el batallón de cientos de ‘boliburgeses’ enriquecidos a la sombra del poder revolucionario.

 

Un grupo de magnates de varias procedencias: la oligarquía de toda la vida, beneficiada con contratos millonarios; dirigentes chavistas con los bolsillos llenos del dinero robado a una sociedad que hoy languidece; empresarios de nuevo cuño surgidos de la nada, que hoy construyen mansiones, viajan en avión privado y se reparten misses y modelos, además de los testaferros que mueven en las sombras los intereses de la jerarquía que reina en Venezuela.

En este grupo figura de forma destacada Gorrín, abogado desconocido que hasta hace unos años se movía en autobús por Caracas hasta que irrumpió sin avisar ante la opinión pública al comprar en 2013 el canal Globovisión, el único de tendencia opositora en un país bajo férreo control mediático del chavismo.

El expediente contra Gorrín desvela que sobornó con 150 millones dólares a Andrade y a Claudia Díaz, presidentes de la Oficina Nacional del Tesoro entre 2007 y 2013. Los fiscales del caso han pedido a España la extradición de Díaz y de su marido, el militar Adrián Velásquez.. Claudia Díaz es la famosa enfermera de Chávez, cuya extradición a Venezuela sopesan también los jueces españoles.

 

 

 

Gracias a sus contactos, Gorrín obtenía vía libre para enriquecerse con operaciones en el mercado cambiario en plena bonanza petrolera. Su fortuna hoy es difícil de calcular, aunque las autoridades estadounidenses tienen bajo control 24 propiedades en Nueva York y Florida, valoradas en 77 millones de dólares.

La fiscalía de EEUU incluso acusa a Gorrín de comprar un banco en República Dominicana para lavar dinero. Periodistas de investigación como César Bátiz y los gremios profesionales en Venezuela incluyen a Gorrín entre los cómplices del chavismo que a principio del mandato de Maduro compraron los medios de comunicación más fuertes del país para ponerlos al servicio de la propaganda revolucionaria, desde Globovisión al diario ‘Últimas Noticias’, el más leído.

“Estamos apenas viendo la punta del iceberg. El caso de Andrade y Gorrín es uno de los múltiples casos de corrupción que se han perpetrado en Venezuela recientemente y que han terminado teniendo efectos en EEUU y en su sistema financiero. Cualquier persona involucrada tiene razones para estar preocupada, pero lo cierto es que las investigaciones apenas están empezando”, desvela para EL MUNDO el internacionalista venezolano Mariano de Alba desde Washington.

“La corrupción en Venezuela ha sido utilizada para comprar propiedades en EEUU, Europa y otras partes del mundo”, concluye De Alba. La cifra del robo perpetrado en Venezuela es exorbitante: al menos 300.000 millones de dólares, según las denuncias efectuadas por el Parlamento y por varios dirigentes revolucionarios muy próximos a Chávez, como el ex vicepresidente Jorge Giordani y el exministro Héctor Navarro.

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