El tesoro de Pisa rejuvenece. El campanario de la catedral de Santa María Assunta es uno de los monumentos más famosos del mundo. La Torre de Pisa, símbolo de la ciudad toscana y uno de los monumentos más icónicos de Italia, se está enderezando poco a poco. Exactamente, cuatro centímetros en 17 años, gracias a los trabajos de consolidación de la torre que comenzaron en 1993, publica abc.es.

Seguramente no es una medida espectacular, pero desde luego sí muy notable y por encima de las expectativas de los técnicos, teniendo en cuenta que hasta ese año la inclinación de la torre se acentuaba cada vez más. Se llegó a doblar la velocidad de su caída después de los años treinta. «En 1990 la inclinación crecía 1,5 milímetros cada 12 meses», explica al «Corriere» el prestigioso arqueólogo e historiador del arte Salvatore Settis, que preside el Comité de vigilancia de la torre.

 

 

Se temió el derrumbe

Se llegaron a vivir incluso momentos dramáticos, como en el año 1995, con el conocido «septiembre negro», definido así por los técnicos porque se llegó a temer por la estabilidad del monumento e incluso su derrumbe, pues comenzó a moverse de forma no prevista. La alarma surgió cuando se colocaron en el terreno opuesto al de la inclinación cables de acero a 50 metros de profundidad, lo que aceleró por un breve periodo la pendiente de la torre. Por fortuna, los técnicos pudieron controlar la situación, llegando a contrastar la fuerza de gravedad de la torre con su inclinación de casi 4 metros, un peso de al menos 14.500 toneladas, 55,86 metros de altura para sus ocho pisos y 300 escalones, y con cimientos pocos profundos (4 metros). El sistema de contrapesos y microgalerías que se realizaron evitaron el colapso. Después, en el 2001 se concluyeron los trabajos de restauración, quitando los contrapesos y los microcanales fueron rellenados y sustituidos por una red de sensores que perciben el mínimo movimiento.

«En total, desde que se inició la cura de la torre se ha reducido su inclinación en 45 centímetros. Ahora las oscilaciones varían una media de uno o dos milímetros al año; pero lo que cuenta realmente es la estabilidad de la torre, que es mejor de las previsiones iniciales», afirma Nunziante Squeglia, profesor de Geotecnia en la Universidad de Pisa y colaborador del Comité de vigilancia. Gracias a los continuos trabajos, no solo ha dejado de inclinarse, sino que la torre, de forma inexorable, ha iniciado a enderezarse, a ponerse derecha como la proyectó el escultor y arquitecto Bonanno Pisano en el siglo XII. Pero eso no durará eternamente.

 

«Sería un error ponerla derecha»

Nadie se ilusiona con que un día se alcance su verticalidad: «Ninguno ha cometido el error histórico y conceptual de ponerla derecha; se ha buscado el compensar su inclinación, que debe mantenerse evitando cualquier tipo de riesgo de derrumbe», subraya el profesor Settis. Cada tres meses se reúne el Comité de vigilancia, los «guardianes de la Torre», para valorar los análisis de los movimientos. Ahora certifica su buen estado de salud y el éxito de los trabajos: «Es como si el campanario se hubiera rejuvenecido casi dos siglos», explica Salvatore Settis. Los tres millones y medio de turistas que acuden cada año a la Plaza de los Milagros podrán seguir admirando a la torre más famosa del mundo.

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